Hace diez años que salí de la licenciatura…

Eran los tiempos en que México sabía quién iba a ser su presidente 3 años antes de las elecciones y vivíamos la guerra fría de la (anti)democracia. Nos dábamos pasones de Consenso de Washington y nos hacíamos té de TLC. Yo vivía a cinco minutos de la uni, pero siempre llegaba tarde.

Fue cuando las bromas sobre el gobierno empezaban a dejar su encierro en las reuniones familiares. También las caricaturas que pintaban a Latinoamérica enseñándole el dedo al Tío Sam y gritándole en sarcasmo: “¡uui qué miedo, mira cómo estoy temblando!” Todos teníamos hambre de hablar. De mandar la venia y la certificación contra el combate al narcotráfico del gobierno gringo a la chingada. Fue cuando éramos clasificados predominantemente como traficantes -de los buenos- y no consumidores. Es decir, nos fregábamos para que otros se divirtieran.

Fue el tiempo en que México era país del primer mundo y Salinas y sus tecnócratas maravillaban al mundo y callaban multitudes en cualquier lugar donde se paraban. Sus hijos iban conmigo en la universidad y me acuerdo de los jettas negros de los guaruras llenando toda la calle de Río Hondo. Era cuando jugábamos futbol americano en las calles y regresábamos caminando por la madrugada. Porque los secuestrados y desaparecidos eran los que se salían del sistema, los marcados. No Juan Pérez.

Fue cuando escribíamos en el Opción y nos sentíamos radicales. Queríamos aprender portugués para leer a Pessoa. Algunos se iban a estudiar a Marx a la UNAM para desintoxicarse de la mano invisible. Pero  al final  nos convenciamos mutuamente que estábamos donde se escribía la política económica y todo el país nos veía. De hecho aprendíamos a escribir con la mano izquierda y a mantener columnas en el Reforma. Eran los días en que todos conocíamos al amigo del amigo que se había estacionado en el lugar del Gobernador del Banco de México cuando fue a su entrevista de trabajo.

Era cuando todo mundo sabía que el de arriba creía que nosotros no sabíamos. Cuando nos enteramos por la televisión de la cafe, mientras jugábamos dominó y nos comiamos unos molletes con salsa verde (de la que venía en bolsita), que habían balaceado a Ruíz Massieu, su hija estaba con nosotros. Antes, ese mismo año, habían matado a Colosio, el candidato, el futuro presidente. Vimos mil veces el video del disparo, el close-up a la cabeza. La bala saliendo y Colosio cayendo. Vimos como lo llevaban al hospital. Lo vimos con Jacobo Zabludovsky. Cuando obligaba a Talina, la de espectáculos, a entrar al quirófano y averiguar qué pasaba “en nombre de la nación”. Vimos a los dos Aburtos. Al que disparo y al que agarraron. Pero los dos eran uno y lo hizo solito, nomás porque sí. Los dos asesinatos se fundieron en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad. Ahí se quedaron con el ´68, la limpia de los 70s, Acteal, San Cristobal y muchos más. Más de los que alguna vez hemos de saber. Porque Jacobo era el que los contaba.

Después Zedillo le quitó los palillos a la economía y nos tiró nuestros sueños guajiros de codearnos con los ocho grandes en la zona VIP. Lo de la crisis económica y el FOBAPROA nos lo explicó Pedro Aspe, quien después de secretario de finanzas de Salinas se hizo profesor en el ITAM. Teníamos que entrar con credencial en mano al salón y sus guaruras revisaban nuestro nombre en la lista. No se permitían oyentes y la clase estaba abarrotada por curiosos, periodistas y gritones. Pero lo que sea de cada quien, me gustó más la clase de Antonio Bassols, que cuando le preguntaron cómo era la línea de consumo tomó el gis y empezó a dibujar en un extremo del pizarrón. Lo cruzó y siguió con la pared, la puerta y siguió dibujando hasta que desapareció. No fue la siguiente clase, pero la siguiente semana, Bassols regresó con gis en mano partiendo el salón. Me gustaba porque con él podíamos reciclar los libros. No había Google y si no tenías el libro, reservarlo en la biblioteca era más difícil que encontrar hotel en semana santa en Acapulco. Por eso las ferias de intercambio de libros eran un verdadero suceso.

La siguiente elección fue en la que voté por primera vez. Ese domingo me fui a Morgan por la noche, de guardia, por si se caían los mercados. O por Vicente Fox o por algún error del Y2K -para el que todas las empresas se habían preparado con años de anticipación. Se hicieron equipos de transición. Muchos auguraban que el cambio de milenio en los sistemas iba a ser una catástrofe. No lo fue. Después de media noche me fui a dar  la vuelta por la ciudad. Todos estaban en las calles celebrando. Después de más de 70 años. ¡Más de 70 años! ¡Cuánto esperar, cuántos no esperaron y lucharon por ese momento! No era sólo en el Ángel de la Independencia, era todo Reforma, Insurgentes, Revolución, San Jerónimo, la Balbuena, la Bondojo, Tacubaya. No volví a oler, ver y masticar mi Ciudad tan contenta como ese día. Me acuerdo del “mira México, levantate que ya amaneció”.

Y también por primera vez Zabludovsky no narraba los resultados. Su despido de la televisión fue tan significativo para muchos mexicanos como el fin de la dictadura priista . Los dos caminaron juntos por gran parte del trayecto. Se daban la mano en los tropezones, se felicitaban en los atropellos, se alimentaban. Zabludovsky fue nuestro Granma, el de muchas generaciones, hasta un cachito de la mía. Los Jacobos siguen existiendo, pero están en extinción; más de 200 millones de personas alrededor del mundo los acorralan. Inclusive, las secciones más populares de las grandes agencias de noticias y periódicos son blogs. La creación de la información, la transformación de los datos es una tarea que el público asume, arrebata cada vez más. Eso no había cuando estudié la licenciatura.

Yo aprendí MS-Dos y cuando entre al ITAM no había más de veinte computadoras en toda la universidad. Vi Windows hasta por la mitad de la carrera y cuando lo hice puse la misma cara que cuando mi abuelo vio un cajero automático. Me acuerdo que imprimíamos por turnos. En impresoras de punto que eran más lentas que una máquina de escribir. Pedíamos la impresión a una señorita detrás de un cubículo. Luego teníamos que recortar la hoja, quitarle las orillas El internet eran pantallas negras y letras verdes. Los ftps y los chats. Fue lo primero. Cuando empezaron los exploradores, las gráficas y los colores, tener una página era lo que distinguía a los changarros de las corporaciones. Era estatus. Tuve un amigo que se pagó la universidad con un negocio de diseño y mantenimiento de páginas de internet. Su principal cliente era Dormimundo. Le hizo una página en que el colchón giraba. Era una maravilla. Se habían tardado semanas en terminarla. Acabó vendiendo sus acciones a alguien que creía que eso nunca se iba  acabar. El negocio del futuro.

Mi amigo quería seguir estudiando, hacer un doctorado, y yo quería salirme de la escuela cuanto antes y pagar lo que debía al ITAM. Diez años después, él no volvió a pisar la escuela y su siguiente promoción será para CFO  de la región vía láctea de una gran corporación y yo, bueno, yo… ya sé hacer páginas en esta catarsis de fondo pálido que es el internet.

5 thoughts on “Hace diez años que salí de la licenciatura…

  1. Muy elocuente, mi estimado amigo, y aunque descriptivo de la realidad que vivimos, tu y yo sabemos que dejaste fuera muchas cosas, una parte más humana…más personal. Sin embargo he ahí un retrato de la memoria colectiva de “itamitas” de una generación.

    Que tiempos aquellos!!!

  2. Sí bueno, Memo… ¡cuántas cosas se quedan sin contar! Pero afortunadamente, siempre podremos hacernos un rato para volverlas a platicar como lo hemos hecho cientos de veces… ¡Qué añoranza!

  3. Inspirador, hace un rato no leía algo que me capturara tanto tiempo. Soy una persona demasiado dispersa para concentrarme en lo que sea. Cuentame mas.
    Tengo 19 años y no me decido a ir a la universidad porque tengo miedo de no saber suficiente de mate y ciencias.

    Aqui en Guerrero como debes saber la educación es una burla, mas de una vez discutí con mis maestros por que ignoraban las cosas mas elementales. Ahora tiemblo de miedo cada vez que escucho “universidad” pero me prometi que iría y eso haré. Pienso en la universidad como mi “meca” tengo tanta ambre de saber pero tambien tanto miedo de fracasar y tu blog me hace sentir tan cansada de esta vida pero tambien me anima a cambiar el país por que estoy segura que podemos hacerlo y no me importaría morir por ello.

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