La barba de Alberto Sauret

Fin? LuisFBallesteros 2006Un gran maestro no es alguien que nos hace atesorar nuestras ideas e ideales, no es el que nos empuja para aprovechar el impulso, lo es quien nos hace detenernos, el que nos tambalea para tirar el jarrón de nuestra realidad y de los pedacitos hacernos un bastidor para pintar nuestros verdaderos sueños. Hoy hace tres días y un año que murió Alberto Sauret, un gran maestro.

¿Qué más determinante que enseñar en la víspera del “mundo real”? Sauret, argentino, doctor en filosofía, enseñó a las fieras cómo tener pretensiones (en un mundo sin pretensiones) aún cuando éstas creían tener muchas pretensiones. Sauret está en mi tesis, y estuvo en mi examen profesional como lo estuvo en mi mente en el 2005, cuando me detuve -de nuevo- a romper mi jarrón particular.

Para Sauret, este texto de Fausto Pretelín:

Él no llevaba un nombre de marca. Aspe, Carstens, Beristáin, Gil Díaz. A él lo marcaba la inquietud que produce la comezón del conocimiento universal. Siempre fue un universitario. De los auténticos. Alberto Sauret murió hace algunas semanas en Victoria, Entre Ríos, su natal Argentina, luego de caer vencido durante una batalla desgastante frente al cáncer.

Cuando llegaba al ITAM de Río Hondo, en San Ángel, para dar sus clases de Problemas, Ideas o Cine, al primero que saludaba era a Colmillo, el perro longevo que no se cansa de observar a generaciones de estudiantes. El cubículo de Alberto se encontraba lejos de la facultad de Economía. Muy lejos. El suyo miraba hacia el Partenón. Espacio lúdico del ITAM y crucero de ideas. En efecto, a Alberto le preocupaba el avance del pensamiento único. Sus externalidades negativas para ser exactos. La especialización contra la universalidad del conocimiento. El decreto frente a la diversidad. El monólogo frente al debate. La penumbra que adormece la ignorancia frente a la lucidez de las ideas.

La fórmula exitosa del ITAM se encuentra en dos de sus departamentos: Economía y Estudios Generales. Ambos se ubican en los polos del pensamiento para que la distancia que recorre la imaginación sea larga. Del departamento de Economía surgen nombres de marcas exitosas. Como lo mencioné líneas arriba, Pedro Aspe y Agustín Carstens lo son. Pero del otro ITAM, el de Estudios Generales, poco se habla. El de Alberto Sauret, Carlos de la Isla, Rodolfo Vázquez (hoy en el departamento de Derecho), Julián Meza, Julia Sierra, Franz Oberazbacher, José Barba, Patricio Sepúlveda, entre muchos otros. Todos ellos han tratado de equilibrar la balanza ideológica hacia el interior del ITAM. Y podría decir que lo han logrado. Sin embargo, hacia afuera, el estigma del itamita indolente frente a la cultura me parece que sigue vigente. Como suceden con las percepciones, no siempre reflejan la realidad.

Rodolfo Vázquez viajó a Argentina para despedir al amigo y a su regreso trajo bajo el brazo Textos Atorrantes (Ediciones Coyoacán, junio 2008). La obra completa de Alberto Sauret. Y en efecto, los textos son atorrantes. Desvergonzados.

Cuatro secciones reflejan el pensamiento de Sauret: Elogio de la herejía, Dios, las sectas y los insectos, Linderos y Texturas y Autores en su tinta. Del inicio emerge el olor que prevalecerá a lo largo del libro, Las malas compañías de Serrat.

“Mis amigos son unos atorrantes.

Se exhiben sin pudor, beben a morro,

Se pasan las consignas por el forro

Y se mofan de cuestiones importantes”.

La verdadera pasión de Alberto fue el cine. Es esta la pista que nos dejó Sauret para encontrar sus textos más desenfadados en el libro. Se encuentran en la primera parte, Elogio de la herejía y La pasión según Cinemex. Son textos originalmente publicados por la revista Opción. Si el cine es mejor que la vida, como sentenció Truffaut, entonces la historia del Titanic hollywoodense resulta ser una caricatura “postiza e inverosímil” nos dice Alberto. Lo postizo es lo de hoy. Lo posmoderno. Sobre los hermanos Coen, Muerte entre las flores (Miller’s crossing) a Sauret le resultó muy atractiva ya que el “héroe no da madrizas, las recibe”. Simular que no veremos un happy end resulta sorpresivo. Simular que somos totalmente Palacio ya dejó de ser divertido. Simular en el siglo XXI es enajenarse frente a la nada. Frente a la sensación de la rapidez de la ignorancia.

Sí existe otro ITAM. Lo pueden comprobar a través del libro Textos Atorrantes. Salir de pesca de lecturas es aceptar que la sorpresa alimenta.

One thought on “La barba de Alberto Sauret

  1. Dice Alberto en Preliminar de Textos Atorrantes:

    “Durante la transformación de gran aldea a ciudad moderna de Buenos Aires hubo un momento en que su perímetro estuvo salpicado de grandes caños de fundición destinados al drenaje sanitario, con la marca de fábrica de relive A. Torrant. Mientras permanecían en la superficie sirvieron de refugio a masas margianels procedentes tanto de los barcos como del interior del país, a las que se llamó ‘atorrantes’.”

    Luego de una breve explicación de la evolución del término pone el bello verso de Serrat que arriba mencionas.

    En realidad el libro es un libro producto de una amistad profunda, de esas que sólo Sauret podía despertar. El día de la presentación a nadie le importó llorar “a moco tendido”, ni reir, aplaudir y brindar por nuestro inolvidable amigo.

    Estarás de acuerdo conmigo en que el que un ex alumno inteligente y sensible como tú haya recordado el aniversario de su profesor explica las razones por las que una persona inteligente y sensible como Alberto gozó tanto su vocación magisterial.

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