Drogas y listas. ¡Reconozcan al Chapo su lugar!

Que Forbes incluya en su última lista de billonarios a Joaquín Guzmán Loera no me sorprende; lo que me sorprende es que “El Chapo”, uno de los zares de la droga, aparezca tan abajo, después del sitio 701 –rodeado de otras 100 personas que, según Forbes, tienen alrededor de 1 billón de dólares, o mil millones, para los que usamos la escala larga. “El Chapo” está entre otros viejos conocidos de la sociedad mexicana, como Alfredo Harp Helú (primo de Carlos Slim y otrora dueño del Banco Nacional de México, ahora su presidente, y dueño de la empresa de telefonía Avantel) y Emilio Azcarraga Jean (quien ha sido dueño, por herencia, de la amada y odiada empresa de comunicaciones Televisa).

Las estimaciones de Forbes se basan en el desempeño de los negocios, las empresas y los mercados. En el caso del uso de drogas prohibidas y abuso de las legales, se habla de un mercado de 64 mil millones de dólares anuales sólo en los Estados Unidos –el principal mercado consumidor del mundo. Durante el año pasado, “El Chapo” debió haber cobrado un quinto de los ingresos totales por tráfico de droga a los EEUU que, según la publicación, estuvieron entre 18 y 39 mil millones de USD. Y el solo recuento del 2008 le vale a Guzmán Loera su entrada al exclusivísimo club. Sin embargo, si su grupo ha controlado entre un tercio y la mitad de la distribución desde México durante la presente década, en este momento las cuentas del “Chapo” deben valer hasta casi diez veces lo que Forbes estima.

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Es decir, y para seguir en el mundo de las estimaciones (que es en el que los ciudadanos de a pie nos movemos cuando hablamos de multimillonarios –bueno, multimillonarios por negocios ilícitos. Bueno, más precisamente, multimillonarios por narcotráfico), imaginemos que el Cártel de Sinaloa[1] ha recibido rendimientos por los recursos lavados e/o invertidos iguales a los “gastos administrativos” que ha tenido que pagar, lo que le ha significado que sus utilidades brutas asciendan a unos 10 mil millones de los verdes durante los pasados diez años. Eso quiere decir que el erario mexicano dejó de percibir alrededor de 3 mil millones durante dicho periodo[2], equivalente a .34% del Producto Interno Bruto del 2008[3]. Un monto significativo para una sola empresa (y esto sin considerar impuestos al consumo y otro tipo de gravámenes). Especialmente, si recordamos que México tiene el nivel de recaudación impositiva más bajo de Latinoamérica y uno de los más bajos del mundo[4]. Si esto no prende ninguna luz, entonces valdría la pena tomar el ingreso agregado de todas las empresas que introducen drogas a EEUU desde México: según el Departamento de Estado de EEUU, alrededor del 90% de la cocaína que se trafica desde Sudamérica (90% procedente de Colombia) es negocio de los cárteles mexicanos.

No puedo dejar de tener reservas sobre la lucha internacional contra el narcotráfico. Honestamente, crecí considerándola un teatro de mascaradas en el que uno sólo puede imaginarse lo que realmente sucede tras el telón. La primera vez que leí sobre la alegoría de la caverna, sentí que Platón describía perfectamente mi estimación sobre dicha lucha. Claro que uno vive tres sucesos que determinan el flujo de las creencias[5]. En suma, mis creencias se resumen en dos cosas: el poder económico, político y social de la droga como empresa es mucho más grande de lo que nos imaginamos; y el florecimiento de este poder dentro de la ilegalidad es imposible sin una piedra angular sembrada en la legalidad.

Y es que el costo de oportunidad de mantener informal este mercado es probablemente el más grande que México haya experimentado en su historia. Fuentes oficiales señalan que en el 2008 hubo más de 5,000 muertes relacionadas directamente al narcotráfico, el doble que en el 2007. Claramente, esta cifra tiene una tendencia ascendente: en los primeros dos meses del 2009, se rebasaron las 1,000 víctimas. Adicionalmente, las pérdidas económicas indirectas y el efecto en el desarrollo de mediano y largo plazo del país deben ser altísimos y crecientes en un momento en que la percepción sobre la seguridad en México está por los suelos.

Esta semana, el presidente de México dio declaraciones referentes a la lucha contra el narco para las cuales la inclusión de “El Chapo” en la lista de Forbes fue como leña al fuego. Ante representantes de potenciales inversionistas extranjeros dijo que “si ven salir polvo por la ventana es que hemos limpiado la casa”. Después declaró que México vive una campaña de desacreditación internacional. Washington se apresuró afirmar que desde el norte no existe tal campaña. Algunos de los señalamientos de Calderón suenan evidentes a estas alturas. Aunque el estado de las cosas dista mucho de tener la casa limpia es cierto que algo está pasando en el país. El status quo se rompió hace algunos años y de esto más de 10,000 muertes relacionadas con el narcotráfico en lo que va de la presente administración ES una evidencia irrefutable (especialmente cuando hablamos que estos son números oficiales que la experiencia nos dice suelen estar por debajo de la realidad). Aunque aseverar que México es víctima de una estrategia de desacreditación suena inocente a lo más –la situación habla por sí sola sin ayuda del exterior-, cualquier declaración señalando que el papel del agente vengador que las autoridades estadounidenses se autoconceden (muy al estilo de Benicio del Toro en la desafortunadísima película Traffic) es obsoleto se encuentra dentro de lo prudente. Calderón dice “¿cómo se explican el mercado más grande del mundo de drogas sin la corrupción de ciertas autoridades?”. Es una pregunta más adecuada que tratar de analizar quién merece llamarse El Antinarcos y ponerse una máscara brillante.

También más adecuado y oportuno que nunca es un debate formal fuera del amarillismo y los falsos golpes de pecho sobre la legalización de (algunas) drogas. Ya Cardoso, Gaviria y Zedillo hablaron de porqués en términos de desarrollo económico, aunado a los costos de una lucha que, cuando parece cierta, parece pérdida. Es cierto que legalizar no es la panacea. Hablemos de los costos en seguridad social por un posible incremento en adictos, hablemos del incremento en otras fuentes de violencia (como la intrafamiliar), de los costos en legislación y regulación (¿drogramímetro en cada esquina después de salir del bar?), hablemos incluso de la oposición violenta de la medida de los actuales zares de la droga. Sin embargo, la legalización permite institucionalizar (y, en el mejor de los casos, universalizar) costos y beneficios. E.g., el impuesto sobre el consumo del tabaco, que alcanza más del 100% en algunos países, provee de recursos (idealmente) para el sector salud para cubrir los efectos negativos del mismo; posibilidad que las drogas ilegales no presentan.

¿Veremos la legalización en el corto plazo? Aunque la oportunidad es significativamente mayor para la mariguana, todavía existen muchos peces gordos que desde el sistema no se beneficiarían con la medida (la historia está plagada de casos de menor nivel, pero educativos, como la Época de la Prohibición del alcohol en los EEUU en los años 20s). De hecho, me parece más probable que “El Chapo” haga llegar una carta de queja al director de Forbes por haber sido relegado a tan bajo puesto, al calce el siguiente mensaje:

Sírvase encontrar en el anexo mis estados

de cuenta del ejercicio 2008-09

para su amable revisión y la subsecuente

corrección de la posición de un

servidor en su reconocida lista.

Suyo sinceramente,

Joaquín Guzmán Loera

Director Ejecutivo

CS

Sufragio efectivo, no reelección – Tierra y libertad


[1] Que “El Chapo” solidificó desde que se separó del Cártel de Guadalajara cuando Miguel Ángel Félix Gallardo fue arrestado a finales de los 80s.

[2] La tasa del ISR en México durante los últimos diez años se ha movido entre 35 y 28% para dicho nivel de ingreso.

[3] 893 mil millones de USD de acuerdo al Economist Intelligence Unit -EIU, 2009.

[4] Menos del 9% del PIB (EIU, 2009).

[5] En mi caso no fueron distintos a las que muchos conocidos vivieron: entre la niña que trabaja haciendo el aseo en la casa que cuenta que en su pueblo trabajaba envolviendo mariguana y coca durante la madrugada, las comunidades que idolatran y protegen a los señores de la droga que han hecho obras y traído oportunidades económicas que antes no había, hasta un amigo soldado que contaba sobre los lazos escondidos, pero ciertos.

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